Dí que sí, linda, que con tu escotón estás tremenda en el buen sentido de la palabra. Que no hay nada mejor que lucir sin complejos tu sobrepeso. La elegancia, querida mía, es una actitud, es… un gesto. Es el don de conseguir mucho con muy poco. Y eso, y que me parta un rayo si no estoy en lo cierto, no es sólo privilegio de delgadas. Hartas de ver mujeres estupendas, delgadas y lívidas sobre la alfombra roja, verde o negra de cualquier estreno; ésas que marcan clavícula, que tienen el vientre plano de tanto gimnasio; ésas que consideran al vómito el estribillo de la canción de su vida; ésas que ni siquiera se permiten un bocado de lujo en un restaurante sin que ello suponga un desfalco a cualquiera de sus cuentas y viven condenadas para siempre a la ensalada y la Coca-Cola Light…
De pronto, un hombre guapísimo viene a elevarnos la autoestima y a recordarnos que las mujeres somos guapas y atractivas, incluso si sólo podemos contar con un 'hulla-hop' como cinturón.
Bravo por , mi eterno Remington Steele, que sigue tan enamorado de su mujer, Keely Shaye Smith, como el primer día, aunque ésta considere más importante embutirse en una faja bien tirantita antes que ir al "gimnasio" de turno de las estrellas de cine.



